hay un recuerdo
que simplemente
no puedo ignorar.
Cada día
me recuerda su nombre,
cada noche
me recuerda su olor.
Cada madrugada,
sus besos me entregan
en forma
de inconfundible sabor.
Cada día
me recuerda su nombre,
cada noche
me recuerda su olor.
Cada madrugada,
sus besos me entregan
en forma
de inconfundible sabor.
Hay una grieta en mi pecho,
no sangra, pero respira.
Exhala un polvo antiguo,
como ceniza de un dios olvidado.
Mis latidos ya no suenan,
retumban,
como pasos de un monstruo lejano
que alguna vez fui.
Las paredes de mi mente
se pelan como piel marchita,
y los espejos mienten,
aunque nadie les pregunte.
He visto al sol llorar negro,
y a la luna morderse el alma.
He tocado el fondo del sueño
con las uñas rotas de la calma.
Nadie llama. Nadie entra.
Solo el frío me visita.
Y en su lengua de cuchillo
me pregunta:
¿Aún respiras?
En la casa sin puertas ni espejos,
donde el eco mastica el silencio,
vivo yo, con los huesos al viento
y los ojos clavados al suelo.
Las paredes susurran mi nombre
con la voz de los que ya no están,
y en la alfombra marchita del tiempo
duermen sombras que quieren gritar.
Una lámpara cuelga sin fuego,
como un fruto podrido del cielo.
Sus cadenas me rozan el alma
y me arrastran al pozo del miedo.
El reloj se detuvo a las doce,
pero nadie recuerda el ayer.
En los muros florecen los rostros
de los sueños que no quise ver.
Y yo desafío los pasos al borde
de un abismo que finge ser paz.
Si la noche se ríe, no importa:
ya mi sombra aprendió a no mirar.
Cada noche pienso en ti
y en cómo sería mi vida contigo.
Una suerte de sueños se apodera de mi
Y a pesar de no querer seguir, aquí sigo.
Cada noche es la misma escena
desvelos superfluos,
pensamientos al azar
soledad sincera y amena
y una herida en el alma
que no deja de sangrar.
Quizá debí insistirte,
quizá no debí permitir que te fueras,
quizá el orgullo pesaba más que el alma,
y mis labios aprendieron a callar promesas.
Ahora el eco de tu nombre me quiebra,
y mi vida se consume como vela encendida.
Quizá debí retenerte en mi sombra,
pero lo hice y ahora te doy por perdida.
Y en las sombras donde solías habitar,
solo queda el frío y mi culpa dormida.
Tu ausencia es un espectro que no para de observar,
mientras mi alma se arrastra, vencida.
No hay redención en mis noches sin sueño,
ni en las cartas que nunca escribí.
Solo quedas tú, lejana y eterna,
como todo lo que ya no elegí.
Te quise más de lo que yo me quise.
No sé cómo lo hice, pero lo hice y créeme que no soy yo el que lo dice.
Estuve atado a mi pasado, caminé sin rumbo bajo un estado de ebriedad profundo o más bien drogado, por la decepción de que nada he logrado.
Y heme aquí parado, no tengo miedo, el infierno me he ganado y perdido tengo el cielo, pero no hay pedo yo no me agüito, todo se lo dejo a Jesucristo.
Que él decida por mi destino, yo no adivino sobre el camino. Solo ando fino, soy asesino de sentimientos en torbellino.
Me despido para siempre, soy peregrino, seguiré la vida en clandestino.
Adiós vida, ya no me importa, aquí se corta pues no soporta lo qué transporta. Contrabando de llanto y también de sangre, hay mucho pájaros en el alambre.