07 octubre, 2025

Karen



Era un 3 de noviembre de 2016, ella se llamaba Karen, la cosa más dulce y tierna que podrían imaginar y de una belleza inigualable. Nuestra relación era perfecta, nos amabamos con locura y un poco más. Los primeros 5 años de nuestra relación fueron maravillosos, mis padres la adoraban, sus padres me adoraban. Todo era feliz y perfecto. Sin embargo, ella empezó a cambiar poco a poco, dejaba de contestar mis mensajes cuando ella, siempre se daba tiempo para hacerlo, nuestra comunicación era igual de perfecta que nuestra relación, por eso que dejará de contestarme una sola vez, bastó para darme cuenta de que algo estaba mal. Al principio, no quise darle demasiada importancia, porque cuando estaba conmigo seguía siendo la misma Karen de siempre, atenta y amorosa, tanto que a cualquier otra persona hubiese empalagado y se hubiese hartado de ella, pero no, yo no. Yo la amaba y aún la amo con todo mi corazón.
Pero fue pasando el tiempo y ella seguía cambiando, hasta un punto en que me evitaba o ponía excusas para salir. Entonces, mis alarmas se prendieron, sabía que debía investigar qué estaba sucediendo. Así que, tomé mi auto y me dirigí a su casa, la vi llegar a las 19:00 horas, normal, venía de su trabajo. Decidí esperar un rato más, le mandaba mensajes desde el auto diciéndole que estaba cansado y que dormiría temprano, ella, como era de esperarse, no tuvo queja alguna al respecto, al contrario, ella me dice que hará lo mismo, que solo cenará algo liguero y dormirá. Mientras, sigo esperando...
Entonces, al rededor de las 22:00 horas, un auto color negro, se estaciona frente a su puerta, pasan dos minutos y sale de él un hombre, bien parecido, atlético, tez blanca, mirada profunda, cabello corto y casualmente vestido. Toca la puerta de la casa de mi aún novia, quien ya se iba a dormir. Sin embargo, veo que responda el toquido y abre la puerta rápidamente y al verlo, salta a abrazarlo y a besarlo con locura y pasión como si no lo hubiera visto en años. Se veía feliz, tan feliz como se veía conmigo los primeros meses de nuestra relación.
Karen, por otro lado, al ver dicha escena gritaba histérica y llena de miedo, de alguna forma verla así me hacía feliz, su dolor alimentaba mi corazón, ahora el que no podía dejar de sonreír era yo. Sabía que yo no tenía la culpa, ella lo provocó todo. ¡Yo era libre!  Y con esa sonrisa en mi rostro y con lágrimas en el suyo, recargué la pistola y la dirigí hacia ella, las únicas palabras que salieron de mi boca, las últimas palabras que escuchó fue: descansa mi amor, se que estás cansada, buenas noches, hasta mañana...
Entonces, mi corazón se hizo mil pedazos al ver aquella escena tan inesperada y todo el amor que sentía por ella, en un instante, se convirtió en odio. Y miles de "por qué's" invadían mi mente, tratando de buscar un error que hubiese cometido que generara está situación pero, no la encontré.
Se acercaron al auto, el caballerosamente le abrió la puerta del mismo y tomándola de la mano la ayudó a subir. Ella no dejaba de sonreír en ningún segundo. El se subió y arrancó el auto y lo echó a andar. Espere que se alejaran un poco y los seguí discretamente tratando de no alertarlos de mi presencia. Siguieron al norte, a la zona "rica" de la ciudad. Después de unos minutos en esa área, el auto se estaciona en una casa para nada despreciable, el sé baja y abre la puerta de ella, nuevamente extiende su mano, ahora para ayudarla a salir. Se besan nuevamente y ella -maldita sea- no deja de sonreír. Entran a la casa y yo me quedo en mi auto llorando de rabia, impotencia y desesperación por no saber qué demonios pasó, en qué momento se jodió todo y sintiéndome culpable sin saber por qué.
Mi corazón se desbordó de ira, tanto odio hizo que mi mente se nublara y no pensara en nada más. Abrí la guantera del auto buscando la cajetilla de cigarros, necesitaba fumar. Pero, al abrirla, vi que se encontraba una pistola. Era de mi padre, que en sus ratos libres usaba para dispararle a latas de cerveza ya que, nunca se había presentado la oportunidad para usarla para el motivo que la compró, su seguridad.
La tomé sin pensar, era como si el destino quisiera que algo pasara esa noche, y ahora estaba a punto de suceder.
Borracho de ira y rencor baje furioso de mi auto, me dirigí a la casa y entonces de un balazo rompí la cerradura, de una patada abrí la puerta, no los vi en la sala, así que subí corriendo al segundo piso, busque y busque hasta que encontré la habitación en donde estaban, ella estaba en la cama desnuda envuelta en una sábana blanca y el se estaba poniendo los pantalones para ir a ver qué había sucedido, qué era aquel ruido que se había escuchado. Entonces ella me vio y los ojos se le llenaron de miedo y lágrimas, al fin su maldita sonrisa se había borrado de su rostro, esa maldita sonrisa que toda la noche estuvo ahí desde que le abrió la puerta de su casa a aquél tipo.
El vio la pistola que cargaba en mi mano derecha con el dedo índice preparado para jalar el gatillo y se quedó mudo, se puso pálido y totalmente en shock, ella al notar el arma empezó a llorar más y me rogaba que no hiciera una locura, me pedía perdón, me suplicaba que la dejara explicar todo...
¿Explicar que? ¿Por qué ahora? ¿Por qué no hacerlo antes y evitar todo esto?
Esto era culpa suya, si algo le pasaba a él, era culpa suya, si algo le pasaba a ella, era culpa suya. Si ella hubiera hecho las cosas bien, si hubiera hablado conmigo lo hubiese entendido y nada de esto estaría pasando ahorita ¡Maldita sea!
Levante mi mano empuñando el arma fuertemente contra él, quien alzaba los brazos en modo de rendición. Dispare a quemarropa hacia su cuerpo hasta que se agotaron las balas, su cuerpo cayó tendido de inmediato en la alfombra gris de aquella habitación, un poco de su sangre salpicó mi pecho y mi rostro.
Entonces sin pestañear vacíe el arma sobre su rostro apuntando a su boca tratando de asegurarme de que nunca más volviera a sonreír, la sangre manchaba la cabecera de la cama y las sábanas blancas y parte de la alfombra.
Me sentí tan bien al hacerlo, me sentí tan en paz, mire el arma y una bala quedaba dentro, supe lo que tenía que hacer, supe que mi hora había llegado también así que puse el arma sobre mi sien, cerré los ojos y con una sonrisa en mis labios jale el gatillo y le puse fin a todo.
Karen, si no eras mía, no eras para nadie. Esto fue tu culpa, buenas noches mi amor.

17 agosto, 2025

La grieta

 


Hay una grieta en mi pecho,
no sangra, pero respira.
Exhala un polvo antiguo,
como ceniza de un dios olvidado.

Mis latidos ya no suenan,
retumban,
como pasos de un monstruo lejano
que alguna vez fui.

Las paredes de mi mente
se pelan como piel marchita,
y los espejos mienten,
aunque nadie les pregunte.

He visto al sol llorar negro,
y a la luna morderse el alma.
He tocado el fondo del sueño
con las uñas rotas de la calma.

Nadie llama. Nadie entra.
Solo el frío me visita.
Y en su lengua de cuchillo
me pregunta:

¿Aún respiras?

Donde mueren los relojes

 


En la casa sin puertas ni espejos,
donde el eco mastica el silencio,
vivo yo, con los huesos al viento
y los ojos clavados al suelo.

Las paredes susurran mi nombre
con la voz de los que ya no están,
y en la alfombra marchita del tiempo
duermen sombras que quieren gritar.

Una lámpara cuelga sin fuego,
como un fruto podrido del cielo.
Sus cadenas me rozan el alma
y me arrastran al pozo del miedo.

El reloj se detuvo a las doce,
pero nadie recuerda el ayer.
En los muros florecen los rostros
de los sueños que no quise ver.

Y yo desafío los pasos al borde
de un abismo que finge ser paz.
Si la noche se ríe, no importa:
ya mi sombra aprendió a no mirar.

La culpa me nombra

 

Cada noche pienso en ti
y en cómo sería mi vida contigo.
Una suerte de sueños se apodera de mi
Y a pesar de no querer seguir, aquí sigo.

Cada noche es la misma escena
desvelos superfluos,
pensamientos al azar
soledad sincera y amena
y una herida en el alma
que no deja de sangrar.

Quizá debí insistirte,
quizá no debí permitir que te fueras,
quizá el orgullo pesaba más que el alma,
y mis labios aprendieron a callar promesas.

Ahora el eco de tu nombre me quiebra,
y mi vida se consume como vela encendida.
Quizá debí retenerte en mi sombra,
pero lo hice y ahora te doy por perdida.

Y en las sombras donde solías habitar,
solo queda el frío y mi culpa dormida.
Tu ausencia es un espectro que no para de observar,
mientras mi alma se arrastra, vencida.

No hay redención en mis noches sin sueño,
ni en las cartas que nunca escribí.
Solo quedas tú, lejana y eterna,
como todo lo que ya no elegí.

08 mayo, 2025

Brindis por ti


Hoy celebro tu risa sincera,
tu presencia que siempre da paz,
la amistad que me diste sin vueltas,
tu manera tan única de estar.

Eres sol cuando el cielo se nubla,
eres calma si todo va mal;
y por ti levanto mi copa,
por mil sueños que están por llegar.

Eres fuerza vestida de fiesta,
eres fuego que invita a bailar,
compañera en todas las luchas,
en los planes, el bien y el mal.

Que la vida te abrace con fuerza,
que el amor no se canse de dar,
que te sobren razones y estrellas
para nunca dejar de brillar.

Que no falten abrazos sinceros,
ni motivos para celebrar,
porque el mundo es un poco más bello
desde el día en que te vio llegar.

06 mayo, 2025

Pájaros en el alambre.


Te quise más de lo que yo me quise. 
No sé cómo lo hice, pero lo hice y créeme que no soy yo el que lo dice.

Estuve atado a mi pasado, caminé sin rumbo bajo un estado de ebriedad profundo o más bien drogado, por la decepción de que nada he logrado.

Y heme aquí parado, no tengo miedo, el infierno me he ganado y perdido tengo el cielo, pero no hay pedo yo no me agüito, todo se lo dejo a Jesucristo.

Que él decida por mi destino, yo no adivino sobre el camino. Solo ando fino, soy asesino de sentimientos en torbellino. 

Me despido para siempre, soy peregrino, seguiré la vida en clandestino.

Adiós vida, ya no me importa, aquí se corta pues no soporta lo qué transporta. Contrabando de llanto y también de sangre, hay mucho pájaros en el alambre.